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Helicobacter pylori: qué es, cómo se detecta y por qué sí debe tratarse

 

Helicobacter pylori: qué es, cómo se detecta y por qué sí debe tratarse


Helicobacter pylori es una bacteria capaz de vivir en el estómago y producir una infección crónica de su mucosa.

Es extremadamente frecuente y muchas personas pueden tenerla durante años sin saberlo. En otras, puede relacionarse con gastritis, úlcera gástrica o duodenal y algunas complicaciones importantes.

Además, la infección crónica por H. pylori está claramente relacionada con un mayor riesgo de cáncer gástrico y linfoma gástrico tipo MALT.

Por eso, cuando demostramos que existe una infección activa, actualmente la conducta es tratarla y después comprobar que realmente haya sido eliminada.

¿Qué síntomas puede producir?

Aquí está uno de los problemas: no existe un síntoma que permita diagnosticar Helicobacter pylori únicamente por lo que siente el paciente.

Puede presentarse con:

  • dolor o ardor en la parte alta del abdomen;

  • sensación de inflamación;

  • náusea;

  • sensación de llenarse rápidamente;

  • indigestión o dispepsia;

  • eructos frecuentes;

  • molestias relacionadas o no con los alimentos.

Pero también puede existir infección sin producir síntomas.

Y conviene aclararlo: tener gastritis, reflujo, inflamación o dolor abdominal no significa automáticamente tener Helicobacter pylori.

Antes de administrar antibióticos debemos demostrar que la infección existe.

¿Cómo se diagnostica?

Existen varias formas de hacerlo.

Entre las pruebas no invasivas, una de las mejores opciones es la prueba de aliento con urea marcada con carbono 13. También puede utilizarse la detección de antígeno de H. pylori en materia fecal.

Cuando existe una indicación para realizar endoscopia, pueden obtenerse biopsias del estómago para investigar directamente la presencia de la bacteria y, al mismo tiempo, valorar el estado de la mucosa gástrica.

La elección del estudio depende de la edad, los antecedentes, los síntomas, los factores de riesgo y la posibilidad de que exista alguna otra enfermedad digestiva que necesitemos investigar.

¿Y la prueba en sangre?

La serología detecta anticuerpos contra H. pylori, pero estos pueden permanecer positivos durante mucho tiempo después de haber eliminado la infección.

Por ello, una prueba sanguínea positiva no necesariamente demuestra que la infección siga activa.

Tampoco debe utilizarse para confirmar que un tratamiento consiguió erradicar la bacteria.

¿Todos necesitan una endoscopia?

No.

En pacientes con dispepsia menores de 60 años y sin factores que hagan sospechar una enfermedad orgánica importante, una estrategia perfectamente válida es realizar una prueba no invasiva para H. pylori y tratar al paciente si resulta positiva.

A esto se le conoce como estrategia de “test and treat”.

En pacientes de 60 años o más con dispepsia de nueva aparición, las guías ACG/CAG recomiendan considerar la endoscopia digestiva alta como estudio inicial para descartar enfermedad orgánica.

En pacientes más jóvenes, el umbral para realizar una endoscopia debe ser menor cuando existen factores de mayor riesgo, por ejemplo antecedentes familiares importantes de cáncer gástrico, procedencia de regiones con elevada incidencia de esta enfermedad o síntomas especialmente preocupantes.

También existen situaciones en las que una endoscopia puede estar indicada independientemente de la estrategia habitual, particularmente ante:

  • sangrado digestivo;

  • anemia sin explicación;

  • pérdida involuntaria de peso;

  • vómitos persistentes;

  • dificultad progresiva para pasar los alimentos;

  • antecedentes de úlcera complicada;

  • factores importantes de riesgo para cáncer gástrico;

  • síntomas persistentes, progresivos o atípicos.

La decisión finalmente debe individualizarse.

¿Cómo se trata Helicobacter pylori?

Aquí es donde el manejo ha cambiado considerablemente.

Durante muchos años fue habitual utilizar una combinación de tres medicamentos: un inhibidor de la secreción ácida, amoxicilina y claritromicina.

El problema es que la resistencia de H. pylori a determinados antibióticos ha aumentado considerablemente, especialmente frente a claritromicina y levofloxacina.

Por eso ya no es buena práctica utilizar indiscriminadamente el mismo esquema para todos los pacientes.

El V Consenso Mexicano sobre Helicobacter pylori, publicado en 2026, señala precisamente este incremento de resistencia y favorece tratamientos cuádruples, con o sin bismuto, sobre la triple terapia convencional cuando la sensibilidad antibiótica no se conoce.

La mayoría de los tratamientos actuales tienen una duración aproximada de 14 días.

La selección depende, entre otras cosas, de:

  • tratamientos previos contra H. pylori;

  • antibióticos utilizados anteriormente por otros motivos;

  • alergias;

  • posibilidad de resistencia bacteriana;

  • disponibilidad de medicamentos;

  • tolerancia del paciente;

  • tratamientos que hayan fracasado previamente.

Por eso, si un paciente ya recibió tratamiento alguna vez, es muy importante saber qué medicamentos utilizó y si después se confirmó la erradicación.

Repetir antibióticos a ciegas no es una buena estrategia.

Sentirse mejor no significa necesariamente haber eliminado la bacteria

Este es probablemente uno de los puntos más importantes.

Todo paciente tratado por Helicobacter pylori debe someterse posteriormente a una prueba que confirme su erradicación, independientemente de que se sienta perfectamente bien.

La mejoría de los síntomas no permite saber si la bacteria desapareció.

La American College of Gastroenterology recomienda realizar una prueba de curación en todos los pacientes tratados mediante:

  • prueba de aliento con urea;

  • antígeno fecal;

  • o, cuando existe una indicación específica, una prueba basada en biopsia.

Debe realizarse al menos cuatro semanas después de terminar los antibióticos.

Además, para disminuir el riesgo de resultados falsamente negativos, los inhibidores de la bomba de protones y los bloqueadores competitivos de potasio deben suspenderse aproximadamente dos semanas antes, y el bismuto y los antibióticos al menos cuatro semanas antes, siempre bajo supervisión médica.

El tratamiento termina cuando demostramos la erradicación, no simplemente cuando se acaba la caja de antibióticos.

Entonces, ¿qué tiene que ver un cirujano digestivo con Helicobacter pylori?

Bastante.

Como cirujano general y digestivo, una parte importante de mi práctica consiste precisamente en valorar enfermedades del esófago, estómago, intestino, vesícula y otros órganos del aparato digestivo.

La infección por H. pylori puede perfectamente diagnosticarse, tratarse y vigilarse dentro de una valoración digestiva integral.

Lo importante es no cometer el error contrario: atribuir automáticamente cualquier molestia abdominal a la bacteria.

Antes hay que determinar qué está produciendo los síntomas y si existe alguna otra enfermedad digestiva que necesitemos investigar.

Además, algunas de las enfermedades relacionadas con H. pylori, especialmente la úlcera péptica, pueden ocasionar complicaciones como hemorragia, perforación u obstrucción. En estos escenarios, el papel del cirujano digestivo puede pasar de ser parte de la valoración a convertirse en un elemento fundamental del tratamiento.


Un problema digestivo no siempre necesita un solo especialista

En la Clínica Digestiva de la Riviera Maya trabajamos precisamente con esa idea.

No todos los pacientes necesitan Gastroenterología.

No todos necesitan Cirugía.

No todos necesitan una endoscopia.

Y definitivamente no todos necesitan antibióticos.

Dependiendo del problema, podemos integrar Cirugía Digestiva, Gastroenterología, Endoscopia, Coloproctología, Medicina Interna, Imagen y otras especialidades, sin hacer que el paciente tenga que empezar nuevamente su valoración cada vez que necesita otro enfoque.

El objetivo es bastante sencillo: determinar qué tiene el paciente, solicitar únicamente los estudios que realmente aportan información y ofrecer el tratamiento adecuado.

En resumen

Helicobacter pylori es una infección frecuente y potencialmente importante, pero no debe diagnosticarse únicamente por los síntomas.

La estrategia correcta es: demostrar la infección, seleccionar adecuadamente el tratamiento y confirmar posteriormente que la bacteria haya sido erradicada.

La resistencia antibiótica ha cambiado considerablemente la forma de tratarla, por lo que los esquemas que funcionaban hace años no necesariamente son actualmente la mejor opción.

Y cuando existen antecedentes relevantes, factores de riesgo, datos de alarma o síntomas persistentes, la valoración debe ir más allá de simplemente buscar una bacteria.

Dr. Miguel Angel Rico Hinojosa, FACS
Cirugía General y Digestiva · Laparoscopia
Clínica Digestiva de la Riviera Maya
Playa del Carmen, Quintana Roo