Endometriosis (Actualización 2026)
La endometriosis es un trastorno crónico del sistema reproductor femenino que ocurre cuando el tejido que normalmente recubre el útero (endometrio) crece fuera de este órgano.
Los sitios frecuentes de endometriosis son los ovarios, las trompas de Falopio, los genitales externos (vulva), los ligamentos que sostienen el útero, el intestino, la vejiga, el cuello uterino y la vagina. Rara vez se ha encontrado endometriosis fuera de la pelvis y el abdomen.
La endometriosis responde a las hormonas del ciclo menstrual. Cada mes, los implantes endometriales crecen y se engruesan, como lo hace el recubrimiento del útero. Si no ocurre el embarazo, los implantes se desintegran y sangran. Sin embargo, a diferencia del tejido en el útero, el endometrio ectópico no tiene forma de salir del cuerpo cuando se desintegra. Queda atrapado y puede irritar al tejido circunvecino. El resultado puede ser dolor, inflamación y formación de tejido cicatrizal (adherencias).
Causas
La causa de la endometriosis no está clara, pero una teoría común es la "menstruación retrógrada", en la cual parte de la sangre menstrual fluye hacia las trompas de Falopio en lugar de salir por la vagina. Como consecuencia, las células endometriales que se encuentran en el flujo menstrual pueden fijarse a diferentes sitios. Otra teoría sugiere posible transporte de células endometriales por las circulaciones linfática o sanguínea.
Existe evidencia creciente, aunque aún en investigación, de que ciertas infecciones del tracto genital pueden contribuir al desarrollo de endometriosis mediante mecanismos inflamatorios. Estudios experimentales muestran que la infección endometrial puede inducir la transición de fibroblastos quiescentes a miofibroblastos con capacidad de proliferar, adherirse y migrar (Muraoka et al., Science Translational Medicine, 2023), y que la señalización a través del receptor tipo Toll 2 (TLR2) en células mesoteliales peritoneales promueve la formación de lesiones ectópicas (Noh et al., Frontiers in Immunology, 2019). Un estudio poblacional coreano encontró que una infección genital reciente se asocia con un riesgo ajustado de endometriosis 2.29 veces mayor, y que la combinación de infección genital y cirugía pélvica eleva ese riesgo hasta 7.82 veces (Han et al., Journal of Reproductive Immunology, 2023). Estos hallazgos apoyan un papel contribuyente de la inflamación pélvica, pero no establecen una relación causal definitiva ni sustituyen a la teoría de la menstruación retrógrada como mecanismo predominante.
Cuando una mujer queda embarazada o llega a la menopausia, la endometriosis disminuye y gran parte del dolor desaparece. Sin embargo, el tejido cicatrizal puede persistir y seguir causando dolor. Los síntomas pueden reaparecer tras un embarazo o, rara vez, reactivarse con la terapia de reemplazo hormonal posmenopáusica.
Factores de riesgo
Una mujer cuya madre, hija o hermana presentan endometriosis tiene 10 veces más probabilidades de presentar la enfermedad. Aunque la endometriosis puede afectar a mujeres de cualquier edad o raza que menstrúan, quienes han dado a luz quizá tengan menos probabilidades de presentarla que quienes no lo han hecho. Otros factores de riesgo son la ascendencia asiática y las anormalidades estructurales del útero.
Incidencia y prevalencia
Se desconoce la incidencia exacta de endometriosis. La endometriosis puede afectar a 10-15% de las mujeres de 25 a 44 años de edad que menstrúan, y también puede afectar a adolescentes. Se estima que 25-50% de las mujeres con problemas de infertilidad tiene endometriosis.
Diagnóstico
Interrogatorio
Los síntomas más frecuentes son dolor pélvico y sangrado menstrual anormal o copioso. La cantidad de dolor no se correlaciona con la extensión de la endometriosis. El dolor intenso en el abdomen o la región lumbar puede empezar antes de un periodo menstrual y empeorar hacia el final de este.
Otros síntomas posibles son fatiga, dispareunia, diarrea, estreñimiento, defecación dolorosa durante el periodo menstrual, sangrado rectal o hematuria solo durante el periodo, y sangrado irregular entre periodos. Puede ocurrir dolor tipo cólico en la parte baja del abdomen en cualquier momento del ciclo.
Examen físico
Un examen pélvico puede detectar los crecimientos endometriales o áreas hipersensibles al palpar el útero, aunque muchas mujeres no presentan datos anormales. Debe sospecharse endometriosis en pacientes con dolor pélvico crónico, dismenorrea, dispareunia, disuria, disquecia o infertilidad asociada a estos síntomas.
Estudios diagnósticos
El Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia (ACOG) considera que un diagnóstico clínico basado en la evaluación de síntomas y el examen físico es suficiente para iniciar tratamiento médico empírico, sin necesidad de confirmación quirúrgica previa. La ecografía transvaginal es el estudio de imagen inicial recomendado para la evaluación de sospecha clínica de endometriosis; si no es factible, puede ofrecerse ecografía transabdominal. La resonancia magnética pélvica puede considerarse si se necesita caracterizar mejor una endometriosis profunda para planificar el tratamiento.
La laparoscopia sigue siendo el método más preciso para confirmar el diagnóstico, identificar la localización, extensión y tamaño de los implantes, y puede realizarse cuando la evaluación clínica e imagenológica es negativa pero persiste sospecha, o para guiar decisiones terapéuticas. Sin embargo, no es un requisito para iniciar tratamiento empírico; la decisión de proceder con laparoscopia diagnóstica frente a tratamiento médico empírico debe individualizarse mediante toma de decisiones compartida.
El uso de biomarcadores en sangre, orina o tejido endometrial —incluido el CA-125— para diagnosticar endometriosis no se recomienda. Ningún biomarcador estudiado hasta la fecha, solo o en combinación, ha demostrado ser tan preciso como la laparoscopia diagnóstica, ni aporta beneficio adicional sobre la historia clínica, el examen físico y la ecografía pélvica. Una revisión Cochrane de 27 estudios (n=3,447) encontró que, con un punto de corte de CA-125 mayor de 35-36 U/mL, la sensibilidad combinada fue de solo 0.40 y la especificidad de 0.91; es decir, un valor elevado puede sugerir la enfermedad (más frecuentemente en casos moderados a graves), pero un valor normal no la descarta.
Pueden requerirse pruebas adicionales para excluir otros diagnósticos con síntomas similares: prueba de embarazo (para descartar gestación ectópica), examen general de orina (infección urinaria), colonoscopia o estudios de imagen intestinal (enfermedad intestinal como diverticulitis), o ecografía para excluir masas ováricas.
Tratamiento
El tratamiento se basa en la intensidad de los síntomas, la extensión de la enfermedad, la edad de la mujer y su deseo de fertilidad futura, e incluye observación, tratamiento médico, tratamiento quirúrgico o una combinación.
En mujeres sin síntomas o con molestia leve, puede bastar la observación junto con analgésicos (paracetamol y/o antiinflamatorios no esteroideos).
El tratamiento hormonal es la primera línea recomendada por las guías internacionales y puede iniciarse en atención primaria:
- Primera línea: anticonceptivos combinados de estrógeno-progestina (uso continuo para prevenir la dismenorrea) o progestágenos solos (orales, en dispositivo intrauterino con levonorgestrel, o inyectables), generalmente asociados a AINE. Se prefieren por su bajo costo y menor perfil de efectos adversos.
- Segunda línea: agonistas de GnRH (leuprolida, goserelina, nafarelina) o antagonistas de GnRH orales (elagolix, y combinaciones como relugolix/estradiol/norretindrona), reservados para pacientes sin respuesta adecuada a la primera línea, dado el riesgo de pérdida de densidad mineral ósea y síntomas hipoestrogénicos; suele recomendarse terapia "add-back" (estrógeno/progestina en dosis bajas) para mitigar estos efectos.
- Tercera línea: inhibidores de aromatasa (letrozol), generalmente asociados a un progestágeno, reservados para enfermedad refractaria.
El tratamiento quirúrgico conservador busca aliviar el dolor sin eliminar los órganos reproductivos, mediante electrocauterio, láser o escisión laparoscópica del tejido endometriótico y lisis de adherencias; puede además mejorar las tasas de fecundidad en enfermedad moderada a grave. Los síntomas dolorosos suelen mejorar tras la cirugía, pero con frecuencia reaparecen, por lo que suele recomendarse tratamiento médico adyuvante tras el procedimiento.
La cirugía definitiva —histerectomía con o sin salpingooforectomía bilateral— se reserva para cuando otras opciones han fallado. Previene la recurrencia, pero deja a la mujer sin capacidad reproductiva y en estado de menopausia; si se realiza ooforectomía, suele recomendarse terapia hormonal de reemplazo para evitar síntomas menopáusicos abruptos, sin que esto reactive de forma relevante la enfermedad residual.
Pronóstico
El tratamiento actual ofrece alivio sintomático, pero no existe cura. Entre 17% y 34% de las pacientes tratadas presenta recurrencia de síntomas dentro de los 12 meses siguientes a la suspensión del tratamiento hormonal, y el riesgo de recurrencia parece mayor cuanto más grave es la enfermedad de base. La mayoría de las mujeres logra alivio importante del dolor y conserva la capacidad reproductiva.
Complicaciones
La complicación primaria es la alteración de la fecundidad. Pueden formarse adherencias que causen obstrucción intestinal, o crecimientos que interfieran con la función urinaria. La sangre atrapada en el ovario puede formar un endometrioma. El dolor crónico recurrente o la esterilidad pueden derivar en depresión y otros problemas emocionales. La terapia hormonal suele asociarse con efectos secundarios (sangrado irregular, cambios de ánimo, cefalea, entre otros, según el agente utilizado).


